sábado, 29 de septiembre de 2012

Aguirre contra Idefix


Estamos en el año 37 después de Franco. Todo Madrid está ocupado por los tropas fundamentalistas de Espe Ranciae Nerón Aguirrorum… ¿Todo? ¡No! Dos aldeas pobladas por irreductibles galos (y galas) resisten todavía y siempre al invasor...

Desde hace  casi diez años Espe Ranciae  se halla empeñada en que los niños galos hagan, al llegar a 6º de Primaria, una prueba cuya utilidad pocos comprenden. Una supuesta evaluación de diagnóstico cuyos resultados no han servido para implantar planes de refuerzo o mejora en los centros. Más bien al contrario, la FAPA Giner de los Ríos denunciaba ya en 2008, antes de que la crisis nos arrasase, que “los resultados de los cursos anteriores no han aportado mayores apoyos y recursos humanos para los centros que obtuvieron peores resultados y, por lo tanto, no se han visualizado mejoras como consecuencia emanada de los datos obtenidos de la aplicación de la prueba”. 

 La prueba solo ha servido para establecer un supuesto ranking de centros que ignora tanto las condiciones socioculturales de origen o del entorno del alumnado como cualquier otro aprendizaje (en valores o en métodos) que los niños y niñas puedan haber alcanzado. 

Y desde su implantación dos pequeñas aldeas galas, el Trabenco, de Leganes, y el Palomeras Bajas, de Vallecas, se han resistido a celebrar esta prueba.

Aunque Espe Ranciae gusta de presentarse a si misma como una liberal, la verdad es que, como se ve en el nodo telemadrileño, es una emperatriz autocrática que pretende regular hasta los más ridículos detalles de nuestra moral. Y así, aunque Espe Ranciae  defiende de puertas afuera la libertad de elección de los padres, no ha podido soportar que un centenar de padres y madres, año tras año, elijan no hacer la prueba porque creen que las políticas de Espe Ranciae reflejan una concepción del saber basada en aprendizajes conceptuales, memorísticos y sin relevancia alguna, es decir, la instrucción frente a la educación global de la persona; porque creen que refleja una tendencia unificadora y terriblemente injusta que busca medir a todos/as (alumnado, profesorado, centros, ...) por el mismo rasero, sea cuál sea su nivel de partida
Es llamativo que esto lo haga Espe Ranciae  y sus falanges, cuando ellos alentaron la objeción de conciencia contra la “educación para la ciudadanía” y no han parado hasta  convertirla en la nueva versión wertgonzosa de la “formación del espíritu nacional”. 

Sin embargo, debemos asumir que lo que es bueno para sus tropas no es lícito para los galos o galas disidentes y cuando este año, otra vez, el centenar de galas (y galos) decidió no presentar a sus hijos e hijas a una prueba inútil, ella decidió sin respetar la opinión de las familias obligarles a realizar la prueba. Las falanges romanas aparecieron al día siguiente en los colegios galos disidentes y con chulería y prepotencia se prohibió informar a las familias, se encerró a los niños y niñas en lugares donde no pudiesen tener contactos con sus padres o madres, en el caso del Trabenco, y se les forzó a hacer un paripé que ya no sirve para nada puesto que al realizarse un día después, y tras haberse publicado las pruebas en internet, los resultados, aun los miserables resultados que sacan sus ideólogos, no pueden ser publicados ni utilizados.

domingo, 9 de septiembre de 2012

La huelga del 88 de la enseñanza pública no universitaria

Abuelito, abuelito, cuéntame otra vez la huelga del 88.

Pues, verás, C., la huelga tuvo lugar después de las primeras elecciones sindicales de la función pública. Estas elecciones se habían celebrado en diciembre de 1987, casi 10 años después de cuando las habían realizado los trabajadores de los sectores privados.

En las elecciones de la enseñanza pública no universitaria obtuvieron representación ocho sindicatos. Y media docena podían considerarse "progresistas".

ANPE Y UCSTE, sindicatos sólo de profesores, consiguieron el primer lugar pero ninguno alcanzó más del 25% de los votos. Después CSIF, CCOO y UGT. En Galicia y Euskadi tuvieron algún éxito los sindicatos nacionalistas como ELA, LAB y CIG. Y sin representación quedaron sindicatos como CGT o USO.



Abuelito, abuelito ¿por qué hay tanta división sindical? ¿No es más difícil así negociar con la administración que, al fin y al cabo, es única? ¿No se es más débil con tanta fragmentación?

Seguramente tengas razón, C, pero la pluralidad sindical es la que quieren los trabajadores y trabajadoras que votan. Y digo bien, que votan, porque ya en esas elecciones hubo casi un 40% de abstención.

Pero, ya ves, los profesores votan a ocho organizaciones y luego les piden que se pongan de acuerdo y les reclaman unidad.

Abuelito, abuelito, ¿y quiénes eran ANPE y UCSTE?

ANPE era un sindicato sólo de profesores, principalmente maestros, que estaba formado por los cuadros del sindicato vertical que existía en el franquismo. Aunque han ido evolucionando en democracia, sigue siendo un sindicato más bien de derechas.

UCSTE es otra cosa. También era sólo de profesores. También su base principal eran los maestros, pero era, y es, un sindicato de orientación progresista, en la medida en que fue un invento del Partido Comunista de España cuando pensó que en los sectores profesionales era posible el sindicato unitario que no había sido posible en el resto del mundo laboral por la existencia histórica de la Unión General de Trabajadores (UGT).

Sin embargo, cuando UGT resucitó la FETE en la enseñanza, el Partido Comunista se replanteó su estrategia y decidió impulsar las Comisiones Obreras de enseñanza. Lógicamente, tanto viraje no satisfizo a todos sus militantes y muchos se quedaron en UCSTE . Por ejemplo, Julián Angúita, maestro, estaba afiliado a UCSTE y no a CCOO, como parecía lógico y todo el mundo pensaba.

La UCSTE acabó fragmentándose en sindicatos de Comunidad Autónoma y aunque son mayoritarios en muchas de ellas (País Valenciano, Baleares, Cantabria, Catalunya, Canarias) no tienen ninguna representación en Madrid. En Madrid, Comisiones Obreras tiene casi el 50% de los votantes pero hay que decir que la abstención es también el 50%.

 Y, volviendo a tu pregunta anterior, cuando Comisiones Obreras se sienta en una mesa de negociación, la administración sabe perfectamente que sólo le han votado uno de cada cuatro profesores y es más fácil resistirse a sus propuestas.

Abuelito, abuelito, ¿no te estás yendo por las ramas?

Si no me interrumpiera con tus preguntas...

Decíamos que había habido elecciones sindicales en la enseñanza y los sindicatos habían presentado sus programas. En casi todos hablaba de incrementar las retribuciones, incremento que pronto se popularizó bajo el concepto de "homologación retributiva con los funcionarios del mismo grupo de titulación de otros ministerios".

Comisiones Obreras realizó un estudio comparando lo que ganaban de media todos los titulados medios del resto de la administración y lo que ganaba los maestros. Y otro estudio similar para comparar a los titulados superiores con los profesores de secundaria.

Y creo recordar que salió una diferencia de 50.000 pesetas mensuales, más o menos.

Abuelito, abuelito ¿se compararon el resto de las condiciones de trabajo?

Eso no era posible. Ni necesario. Tampoco se tuvo en cuenta que nosotros teníamos un mes más de vacaciones. De haberlo hecho seguramente la diferencia hubiera sido menor.

El caso es que con ese estudio los sindicatos se reunieron y establecieron una plataforma reivindicativa con varios puntos y no solo el salarial.

Se hablaba de interinos, de concurso de traslados, de jubilación. Tendría que consultar mis notas.


(La plataforma unitaria de la huelga de profesores de EGB y enseñanzas medias de la educación pública, se elaboró en enero de 1988 y sus reivindicaciones principales fueron cuatro:
Homologación retributiva del profesorado con los demás funcionarios de igual titulación.
Jubilación anticipada a los 60 años, económicamente incentivada.
Regulación de la responsabilidad civil de los docentes por los accidentes de los alumnos a su cargo.

Estabilidad en el empleo del profesorado interino y reconocimiento de su antigüedad para el acceso al funcionariado.)

Los sindicatos presentaron sus reivindicaciones en la recién estrenada mesa de negociación sectorial y, cuando se encontraron con la negativa de la administración, se plantearon convocar una huelga. La convocaron en marzo

¿Huelga indefinida, abuelito?

No, C, no. Se plantearon, simplemente, dos días de huelga como demostración de fuerza ante la administración. Y el seguimiento fue tan masivo que sorprendió a los propios convocantes: un 80% del profesorado se puso en huelga. A pesar de eso la administración se resistió a mover ficha y los sindicatos tuvieron que establecer un calendario de movilización intermitente. Se convocaron dos o tres días de huelga cada dos o tres semanas. Y las convocatorias se mantuvieron con similar grado de seguimiento. Apenas se bajó un 5 o un 10% de los huelguistas.

¿Y el ministerio cedió, claro?

Ojalá las cosas fueran tan sencillas. El ministerio se resistió, claro. Argumentó que era imposible comparar los trabajos de unos y otros funcionarios y que Hacienda no tenía dinero para tanto docente. Además, imagino que pensaban que sentaría un pésimo precedente para el futuro y no sólo de los profesores. Si cedían, se exponían a huelgas de otros funcionarios e incluso a nuevas huelgas en la enseñanza por otros motivos.
Así que lo que hizo fue una oferta mínima en  2 tiempos.

¿Estabais en un callejón sin salida?

La cosa estaba complicada, sí. No se sabía cuánto tiempo más iba a aguantar la gente de huelga tras los descuentos de 20 días. Y algunos sindicatos se pusieron nerviosos. En la mesa había cinco sindicatos. Los sindicatos de la derecha, ANPE y CSIF, pensaban que sus bases, gente más bien de orden, estaban cansados de tanta huelga, que eso era cosa de rojos; la Unión General de Trabajadores estaba preocupada por el desgaste al que estaba sometiendo a un gobierno socialista, un gobierno hermano, al fin  y al cabo, y un sector de UCSTE pensaba que ya no se podía conseguir más, que el ministerio no iba a ceder más y que no merecía la pena que nos siguieran descontando si no iba a haber mejores ofertas sobre la mesa. Comisiones Obreras mismas estaba preocupada: ¿cuánto tiempo más podíamos mantener los profes la movilización con el mismo nivel de fuerza si el ministerio no cedía?

¿Y entonces convocasteis la huelga indefinida?

No, nunca hemos sido suicidas.

Una noche aciaga el ministerio volvió a reunir a los cinco sindicatos y les dio un ultimátum. O aceptaban su última oferta y ya seguirían negociando el curso siguiente o se rompían las negociaciones. ANPE,CSIF y UGT aceptaban, Comisiones lo rechazaba y UCSTE dudaba. UCSTE era la clave. Si firmaba la oferta, habría acuerdo, si no, UGT tampoco la firmaría y la derecha se echaría para atrás.

Durante toda la noche Comisiones trató de impedir que UCSTE firmase. Los de Comisiones sabían que si cuatro sindicatos firmaban y uno no, la gente no haría distinciones. Se olvidaría de quien había firmado al cabo de dos meses y hablaría de la traición de los sindicatos, así en general.

A las cuatro la madrugada, Comisiones se dio por vencida. UCSTE firmaba. (Uno de los cuatro negociadores de Comisiones Obreras sentenció: "no podemos hacer más, dejarles que se hundan")

Maravall asegura que el preacuerdo firmado con los sindicatos "es el límite y el máximo posible"

  • Comisiones Obreras pedirá a los profesores el voto negativo en el referéndum

¿Y así terminó todo?

No. Los firmantes eran conscientes de que lo firmado era poco e iba ser rechazado por las asambleas donde suele ir el profesorado más militante o concienciado  y trataron de conseguir legitimidad convocando un referéndum para ratificar el acuerdo alcanzado.

Pero el resultado del referéndum fue abrumador. Hubo una participación masiva y un 82% del profesorado rechazó la propuesta. (Si tuviera por aquí mis notas te daba los datos exactos de participación).

Los resultados no admitían dudas o interpretaciones y los firmantes no tuvieron más remedio que desdecirse.

¿Y qué pasó entonces?

Comisiones Obreras pretendía que, tras el referéndum, fuera el ministerio quien tuviese que mover ficha y proponía esperar un poco. Pero los sindicatos radicales, apoyados ahora por los sindicatos firmantes, propusieron una huelga indefinida. El argumento de los firmantes era, algo enfadados y mosqueados, que si no se aceptaba la oferta del MEC, lo consecuente era ir a por todas.

Aunque Comisiones Obreras pensaba que la voluntad del profesorado ya estaba demostrada con el aplastante resultado la consulta y que la huelga indefinida sería minoritaria, cedió para no romper la unidad otra vez y no ser acusada de boicotear la movilización. La huelga indefinida se convocó y a los tres días se desconvocó por falta de seguimiento. Fue el estertor del movimiento. Llegó junio y el curso terminó como había empezado pero con la gente quemada, con 10 días menos de salario y llamando traidores a todos los sindicatos.


CC OO mantendrá la huelga intermitente sólo en caso de contar con apoyo mayoritario

http://elpais.com/diario/1988/05/28/espana/580773607_850215.html

Vaya palo, abuelito, y vaya marrón

Sí. Sin embargo, en Comisiones se hacía el análisis de que el ministerio no tenía más remedio que negociar el curso siguiente si no quería tener un conflicto permanentemente abierto y un profesorado cabreado.

Así que cuando comenzó el curso siguiente, sin convocatoria de huelga ni nada, se pusieron a negociar.

¿Negociar sin huelga?

Las huelgas, cuando se convocan, es para demostrar una fuerza que el otro no te reconoce. Si tus fuerzas están claras no tienes que convocar porque la otra parte ya sabe que, si lo haces, tendrás un seguimiento masivo.

Pero este no era el caso: la gente estaba quemada y no se sabía si volverían a movilizarse.

Es cierto. De hecho, Rubalcaba, que sustituyó al equipo negociador del ministerio, le dijo un día a los sindicatos: "a nosotros nos odian pero a vosotros os desprecian".

Sin embargo, la movilización del curso anterior todavía tenía efectos hasta el punto de que el Ministerio necesitaba un acuerdo para lanzar la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE). La ley no podía ser lanzada con el profesorado en contra. Era una situación en la que el coste del desacuerdo podía ser muy grave.

Tras meses de negociaciones, en diciembre, se firmó un nuevo acuerdo retributivo, que incluía los sexenios, un nuevo sistema de acceso a la función pública para interinos, el acuerdo sobre la jubilación anticipada los 60 años, que lo firmó Comisiones en solitario, un nuevo concurso de traslados, el sistema de acceso desde maestros a profesores de secundarias, etc.



Todos felices, por fin?

Ni por asomo. Casi todos los acuerdos tuvieron su crítica y aunque los hemos disfrutado todos los docentes, mucha gente sigue pensando que se podía haber conseguido más, que los sindicatos habían cedido muy pronto y que no había merecido la pena tanto descuento para lo poco conseguido.

Fíjate en que la jubilación a los 60 años, de la que hoy todos lloran su final, fue firmado en solitario por Comisiones Obreras en medio de grandes críticas.

Y cuando alguien critica así, a la mayoría le da por pensar que seguramente se habría podido conseguir algo más si los sindicatos no fueran tan pactistas, débiles y vendidos. De hecho, no sé lo que dirán los militantes de CGT sobre aquella época pero si recurrimos a las hemerotecas veríamos que lo criticaban ferozmente.

¿Y qué pasó en las siguientes elecciones sindicales?

La abstención aumentó otro poco y Comisiones Obreras tuvo un éxito relativo. Se convirtió en el primer sindicato de la  enseñanza pública pasando del 17% de representatividad al 23%.

La verdad es que me pareció poco rédito para tan buen trabajo.

¿Y tú qué hacías entonces, abuelito?

El abuelo tiene el orgullo de haber estado liberado por Comisiones Obreras durante esos años. Que me pagasen por defender a los trabajadores y trabajadoras de la enseñanza pública y a esta enseñanza pública siempre me ha parecido un chollo. Ya sé que para otros eso de haber estado liberado, y tanto tiempo, me convierte en un burócrata de mierda, uno de esos traidores que huyen de la tiza. Yo nunca me he visto así y no sólo porque pensaba que era algo temporal, aunque se fue alargando en el tiempo. He tenido la suerte de poder elegir entre dos trabajos que me apasionan por igual. Y eso de poder elegir me ha evitado tener que tragar con piedras de molino o aguantar cosas que no me gustasen porque no tenía adonde ir.

(Durante mi época de liberado he  encontrado vagos, torpes, aprovechados y trepas y demás calaña. Pero en  igual medida que en cualquier otro gremio. Como en la mayoría de los claustros. Incluso menos que en algunos sectores, como, por ejemplo, los diplomáticos. Pero si el número de mala gente es igual que en el de cualquier sector, el número de buena gente es, sin embargo mayor. Gente desinteresada cuya única motivación es mejorar las condiciones de trabajo de sus compañeros y defender la enseñanza pública he encontrado muchísima).

El abuelo se liberó para Comisiones Obreras en septiembre de 1984. Entonces sólo había ocho liberados para todo el territorio MEC y sólo uno para Madrid. Ese fue el abuelo.

Al curso siguiente o dos cursos después, ¡ay, la memoria!, aumentaron los liberados. Y al abuelo le nombraron "secretario de acción sindical estatal de la enseñanza pública". En el argot sindical, eso significaba que cuando se convocó la huelga de 1988 el abuelo era el máximo responsable de las movilizaciones y uno de los cuatro miembros de la comisión negociadora de Comisiones Obreras en ese proceso.


lunes, 27 de agosto de 2012

DOS Presion continuada


Frente a la huelga indefinida yo prefiero hablar de movilización permanente o presión continuada. Y, ahora sí, trataré de explicar en qué puede consistir tal movilización.


¿Existen actividades con instrumentos distintos que la huelga indefinida que sirvan para expresar el malestar de un colectivo, que visualicen sus protestas y sus denuncias con igual o mayor visibilidad pública y parecida contundencia.


Yo creo que si. He citado antes el ejemplo del boicot de los rectores, pero podríamos citar ahora la acción de Gordillo en Mercadona, y hay muchos más: por ejemplo, el encierro y huelga de los mineros, que al final han vuelto el trabajo, no habría sido tan visible sin las marchas a Madrid y el apoyo ciudadano que generaban a su paso.


Lo mismo se puede decir del 15M.  Consiguió una visibilidad importante sin hacer un solo día de huelga. Es más, ante la potencia icónica de la acampada en Sol, las huelgas no hubieran aportado nada nuevo ni mejor.


Se trata, lo repetiremos hasta la saciedad, de encontrar formas de publicitar nuestras demandas que no nos desgasten y que nos procuren aliados mientras aíslan al gobierno y le privan de apoyos electorales.


Aunque seguro que entre todos se nos ocurren múltiples  iniciativas imaginativas y llamativas, voy a romper el hielo con algunas ideas que se me han ocurrido este verano. Lo importante no son las ocurrencias concretas, sino la idea de continuar con acciones llamativas que nos cuesten poco.


Por si sirve de algo.


Uno de los grandes aciertos de las luchas del curso pasado fue la camiseta verde. Una camiseta que ya existía hace dos cursos y que fue popularizada por dos desafortunadas actuaciones del gobierno de Esperanza Aguirre.


La primera, expedientando a una funcionaria por llevarla en un colegio concertado durante la evaluación externa de sexto de primaria; la segunda, llevando al parlamento regional y a los tribunales una ridícula denuncia sobre enriquecimiento de sus promotores.

Esta última intervención fue el ejemplo más palpable del daño que les estaba hacienda esa presencia casi continua de las camisetas en la calle. La llamada “marea verde” ha sido un hallazgo mediático de valor incalculable.

Por eso, en mi propuesta se parte de continuar con esa campaña, tratando de hacer converger el máximo de iniciativas los mismos días: los días verdes, las jornadas de lucha verdes. Es mas, dado que otros colectivos están adoptando camisetas de otros colores, trataría de confluir en la semana del arco iris, sí, ya sé, un poco cursi, al menos una vez cada trimestre.


 Es indudable que propuestas de este tipo exige un mayor grado de preparación, coordinación y organización que los llamamientos retóricos a la huelga indefinida. Deben estar planificadas de antemano y formar parte de un calendario consensuado y ampliamente publicitado.


El calendario incluiría muchas de las iniciativas que el año pasado se desarrollaron en torno a fiestas, marchas en bicicletas, manifestaciones varias, eventos, pero que entonces se hicieron de una forma un poco descoordinada y sus efectos se difuminaron otro poco. Pienso que, si estuviesen centralizadas, darían la imagen de fortaleza del movimiento que se busca con una huelga clásica.


En vez de presentarlo como calendario de huelgas, yo lo presentaría como calendario de jornadas de lucha, jornadas verdes, y así se podría  incluir las fechas de huelga clásica con otras fechas de encierros, manifestaciones y actividades llamativas.


En cuanto a los encierros, por empezar por algún sitio, yo los convocaría en todos los centros el mismo día velando por la escuela publica e iniciaría después una especie de encierro permanente en algún sitio emblemático donde se estuviese leyendo de forma continuada  algún texto, desde la constitución o el quijote hasta obras pedaggicas o literarias o históricas, leyendo una pagina por profesor y buscando, además, que cada día leyera una personalidad publica, actor, músico, político, etc. Cada día estaría de guardia en el encierro un centro educativo (padres, estudiantes, profesores). Coste de la medida para el profesorado, mínimo.


Creo, en segundo lugar, que deberíamos retomar una iniciativa que se hizo en algunos barrios el año pasado, realizando actividades educativas un sábado al mes junto a las federaciones de padres y madres, las asociaciones de vecinos y los movimientos de renovación pedagógica de la zona. Creo que debería ser el mismo sábado para todas las zonas y barrios. Serían las aulas abiertas de refuerzo educativo verde y deberían formar parte del calendario de lucha.


En cuanto a acciones distintas que puedan atraer la atención mediática yo propondría que el primer día verde, o uno de los primeros, fuese una huelga simbólica (como simbólica fue la acción de Gordillo). Huelga porque sería publicitada como tal; huelga porque habría carteles y pancartas en los centros, llevaríamos pegatinas sobre nuestra camiseta verde y escribiríamos cartas a los padres y madres anunciando que estamos en huelga. Simbólica, porque no la realizaríamos.


Huelga simbólica principalmente porque no nos descontaría un euro la administración pero si nos descontaríamos nosotros una cantidad significativa que sería entregada a las AMPAS o a las FAPAS para crear un fondo con finalidad educativa: dicho fondo serviría, según los casos, para crear becas de comedor, becas para libros de texto o dotar las bibliotecas o cooperativas escolares.


Una iniciativa de este tipo, bien hecha, una especie de huelga a la japonesa, consigue la misma repercusión mediática que una huelga clásica, evita la guerra de cifras, posibilita un nuevo acto publicitario cuando se entreguen las cantidades recolectadas, nos acerca positivamente a padres y madres en lugar de enfrentarnos a ellos y plantea ante la sociedad no sólo que no somos insolidarios sino que estamos en contra de recortes que van a comerse las entidades financieras y los grandes defraudadores.


Frente a la huelga clásica con sus descuentos que nadie controla, y que, incluso, ya lo hemos citado, puede llegar a ayudar al gobierno en sus problemas de déficit, esta alternativa consigue alianzas y da un uso productivo a los descuentos.


Si la iniciativa se repitiese (bajo un nombre llamativo y nunca se debería hacer más de una por trimestre para no quemarlas) en esta segunda ocasión los € autodescontados podrían ir dirigidos a comprar espacios publicitarios durante varios días para informar de nuestras reivindicaciones en los medios de comunicación (prensa y radio).


Estas iniciativas, insisto, no deben estar reñidas con jornadas de huelga clásica pero, incluso entonces, creo que sería más eficaz si se le echara imaginación. Una huelga de tipo rotatorio, por comunidades autónomas si fuese estatal, por direcciones territoriales o, incluso, por ciclos, si fuese sólo de una comunidad autónoma, conseguiría una atención mediática y el consiguiente desgaste del gobierno, mayor que una única fecha. Convocar por ciclos (los tres ciclos de primaria, educación infantil, los dos ciclos de la secundaria obligatoria, bachillerato y formación profesional) permitiría tener el conflicto educativo en la opinión pública durante dos semanas con el coste salarial de un solo día. Y sumiría a las administraciones educativas en un pequeño caos porque descontar sería mucho más difícil.


Otra modalidad de huelga que pondría en marcha sería la huelga parcial de 15 minutos, al comienzo de la jornada escolar. Una huelga con los profesores concentrados en las puertas de los centros educativos y en las que se leería un manifiesto en torno al lema de la jornada. Por ejemplo, ¿qué tal el 20 de noviembre un manifiesto por la honestidad electoral?. Estoy seguro de que conseguirían impacto mediático, mínimo coste para el profesorado y erosionarían más al gobierno que una huelga clásica.


Otra ocurrencia. Al contrario de quienes defienden no realizar actividades extraescolares, contribuyendo a deteriorar aún más el servicio público educativo, yo propongo unificar algunos de los días de salida de manera que salgan todos los centros y, si es posible, en torno también a algún eje de referencia. Por ejemplo: los servicios públicos como instrumentos fundamentales de la democracia y salir a visitar unos, los hospitales, ambulatorios y centros de salud, otros, el canal Isabel II, la Renfe, el metro, los bomberos, la policía local, etc. etc.


En definitiva, se trata de buscar fórmulas impactantes que atraigan la atención de los medios durante todo el curso pues debemos prepararnos para una lucha larga. Esto no se va a ganar en dos semanas.

domingo, 26 de agosto de 2012

UNO la huelga indefinida


Como ocurriera en 1988 tras un curso de movilizaciones masivas que, sin embargo, no han modificado, apenas, las posiciones de las administraciones educativas, las voces más impacientes de entre los docentes reclaman una huelga indefinida. E, incluso, ya la han convocado sin esperar a conocer lo que dicen las asambleas o lo que opine la mayoría del profesorado.

Yo creo que es verdad que las asambleas están calientes, pero no es menos verdad que a las asambleas suele asistir una mínima parte del colectivo y esa mínima parte es el sector más radical o combativo o cabreado de los docentes.

A favor de la convocatoria de huelga indefinida juega la situación general, la indignación y el descontento que han generado las últimas actuaciones del gobierno. Y, sin embargo, si algo puede quedar claro tras los últimos recortes es que no va a haber soluciones sectoriales ni remedios parciales. Que no tiene ninguna posibilidad de triunfar una estrategia encaminada a defender la Renfe o salvar la sanidad porque el enfrentamiento es global, no es sectorial (diría más: es europeo, no nacional) y las posibilidades de victoria pasan por cambiar las políticas económicas: situar una alternativa a la austeridad injusta.

En cualquier caso, permítaseme presentar un punto de vista diferente acerca de lo que supone la movilización en los servicios públicos.

Empezaré con una provocación, pero os pido que espereis hasta el final para indignaros: la huelga es un instrumento de lucha del siglo XIX. Un siglo con escasos o nulos servicios públicos, que son conquistas de esas huelgas y otras luchas. Un instrumento útil cuando de lo que se trataba, aquí me vendría bien una cita de Marx, era de litigar con los patrones por la plusvalía. La huelga causaba un mal económico al patrón y por eso, lo he visto en el cine, aparecian los esquiroles, venidos de fuera de la empresa, entrando en la fábrica protegidos por la policía para volver a poner en marcha la producción.

Nada más lejano a la huelga en los servicios públicos en el siglo XXI, donde más que el daño económico, se persigue el coste político o electoral, el daño a la imagen que llevaría a la administración respectiva a negociar y ceder.

La huelga en los servicios públicos no disputa plusvalías. Disputa, en todo caso, poder, capacidad de decisión en la organización del trabajo, pero es, principal y fundamentalmente, una forma de protesta y denuncia. Tanto es así que, cínicamente, podríamos decir que, en el actual contexto de crisis y recortes, las huelgas en los sectores públicos han “beneficiado” económicamente la política del gobierno pues les ha supuesto nuevos ahorros salariales, vía descuentos por huelga y les han perjudicado, y mucho, política y electoralmente.

Situadas así las cosas, y si el lector ha tenido paciencia para aguantar tanto revisionismo, lo que cabe preguntarse es si la huelga es una forma más o menos útil, si es más o menos contundente.

Mi opinión es que quizás, según y como. Hay que analizar cada caso en concreto sin santificar ninguna medida a priori.

Por ejemplo, el curso pasado, apenas unos días después de que se celebrase, con notable seguimiento, la primera huelga de la democracia de todos los sectores educativos de la enseñanza pública, se produjo el boicot de los rectores universitarios al inefable ministro de educación. Pues bien, este boicot tuvo más efecto y mayor repercusión mediática que la huelga.

Y es que no podemos olvidar ni ignorar, si queremos acción transformadora y no meramente testimonial, que vivimos en sociedades mediáticas, mucho más desde la generalización de Internet. Cuando escribo esto, la huelga de Renfe ha castigado tanto o más a los ciudadanos que querían iniciar sus vacaciones, como al gobierno, ya bastante “baqueteado” por varios frentes.

Como medida de protesta se me ocurren otras muchas que habrían indignado menos a los usuarios, quizás les habrían granjeado su comprensión, habrían estigmatizado menos a los sindicatos y hubiesen tenido igual o mayor repercusión pública.

Ahora mismo yo no me atrevo a pronosticar con quién o contra quien se pondrán la mayoría de los padres, cuando, con el trasfondo de la permanente campaña contra funcionarios y sindicatos, se encuentren, tras dos meses y medio de vacaciones de sus hijos, que las clases no comienzan. Lo más probable, tal como está el patio, es que no se pongan a favor de nadie y arremetan contra todos.


La huelga indefinida nunca me ha parecido la más contundente de las medidas. Más bien, siempre he pensado que era el último estertor de un movimiento agónico. Quemar las naves y a ver qué pasa. Creo que es un fruto de la desesperación. Y yo todavía tengo esperanzas y ganas. Y estoy preparado para una lucha que será, lamentablemente, larga.


Nunca me ha convencido ese argumento de que la gente no va a las huelgas de dos días porque sabe que no sirven para nada y, sin embargo, si iría a una huelga de una semana o de un mes o... indefinida. Tururú. La gente tiene necesidades económicas y no solo ideológicas y busca el máximo beneficio con el mínimo coste.


No puedo hablar por otros pero en mi familia solo entra un sueldo, el mío, y no puedo permitirme estar un mes sin cobrar.


Y tampoco creo que una huelga indefinida sea una demostración de firmeza ni de la fortaleza de nuestra voluntad ni nada parecido.


Por el contrario, creo que exigen un sobreesfuerzo al colectivo, ya bastante golpeado por los recortes salariales, y que le someten a un lento desgaste que, para mí, es lo contrario de lo que debería ser una movilización. Esta debería posibilitar la acumulación de fuerzas y no un lento goteo de desenganches.


Porque de eso se trata: el conflicto debe perseguir el desgaste del oponente con el menor coste para nosotros. No quemar nuestras fuerzas sino administrarlas con eficiencia.


Finalmente, cuando se empieza una huelga indefinida se ha de saber cómo y cuándo acabar. ¿Vamos a seguirla hasta que el gobierno ceda? ¿O hasta que se nos acaben las fuerzas?.


En el primer caso, es necesario una plataforma reivindicativa clara para poder valorar cuánto hemos conseguido y decidir o no la continuidad. No se deben hacer las huelgas por cabreo, indignación o cansancio porque entonces sería aún más difícil convenir cuando hemos manifestado suficientemente nuestro malestar.


En el segundo caso, en el de continuar mientras tengamos fuerzas, también habría que fijar cuotas mínimas de seguimiento para que cuando uno abandone por pensar que somos pocos y cada vez menos, no lo acusen de cobarde, traidor y saboteador.


Lo bueno que tiene una convocatoria de huelga indefinida es que no necesita apenas preparación y no padece ningún coste para el convocante. Me explicaré. Quien convoca una huelga indefinida lo hace convencido de que existe un memorial de agravios y reivindicaciones que hace que la convocatoria caiga por su propio peso, no hace falta, apenas, el trabajo de convencimiento y difusión: basta con convocarla desde Internet. Quien no la sigue o es un traidor o un vendido o un conformista o un esquirol o todos esos adjetivos a la vez.


Y así, si la huelga indefinida no triunfa, la responsabilidad nunca es de quien la convoca, que tiene galones de sobresaliente combatividad, sino de los borregos que no la hemos seguido. "Ellos" ya han cumplido convocando. Y si otros hiciesen una convocatoria más limitado en el tiempo, "ellos" no la seguirían o lo harían a regañadientes, acusándolos de reformistas o de "convocar para lavarse la cara".


Esa es mi experiencia y como tal la cuento.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Nuevo curso

Ahora que empieza el curso y aqui el comienzo es muy "curioso", con los niños uniformados y llevando flores a las maestras, voy a incluir algunos vinculos educativos. Feliz curso a mis amigos y amigas.

EL MOVIMIENTO COOPERATIVO DE ESCUELA POPULAR (MCEP) http://www.mcep.es/

FUNDACION DE INVESTIGACIONES EDUCATIVAS Y SOCIALES DE CC.OO. http://www.fieseducacion.org/

CAMPAÑA "NO ES VERDAD" http://www.firmasonline.com/1firmas/camp1.asp?C=1821


FIRMA POR LA SEPARACIÓN IGLESIAS - ESTADO

lunes, 6 de julio de 2009

la escuela de ayer y ¿de hoy?

Se acabó la escuela por este curso. Nuestros combativos quintacolumnistas, sí, Mariano tiene razón o, al menos, razones, se retiran hasta septiembre. Y a pesar de ellos, Javi ha aprobado: enhorabuena.

Yo siempre he mantenido que el gran olvidado de la pedagogia contemporanea es Herodes y en su honor transcribo esta parrafada de Zweig en su "El mundo de ayer" tan añorado por estos necios:

Porque, si he de ser sincero, toda mi época escolar no fue sino un aburrimiento constante y agotador que aumentaba de año en año debido a mi impaciencia por librarme de aquel fastidio rutinario. No recuerdo haberme sentido "alegre y feliz" en ningún momento de mis años escolares-monótonos, despiadados e insípidos-que nos amargaron a conciencia la época más libre y hermosa de la vida, hasta tal punto que, lo confieso, ni siquiera hoy logró evitar una cierta envidia cuando veo con cuánta felicidad, libertad e independencia pueden desenvolverse los niños de este siglo. Al observarlos, todavía se me antoja increíble que los niños de hoy hablen con sus maestros con toda la naturalidad del mundo y casi au pair, que corran a la escuela sin miedo y, no como nosotros, con una sensación constante de insuficiencia; que puedan hablar sin ambages, tanto en casa como en la escuela, de sus deseos e inclinaciones, propios de espíritus jóvenes y curiosos; son seres libres, independientes y naturales, todo lo contrario que nosotros, que, en cuanto pisábamos la casa odiada, teníamos que-como quien dice-recogernos sobre nosotros mismos para no topar de cabeza con el invisible yugo. Para nosotros, la escuela era una obligación, una monotonía tediosa, un lugar donde se tenía que asimilar, en dosis exactamente medidas, la "ciencia de todo cuanto no vale la pena saber", unas materias escolásticas o escolastizadas que para nosotros no tenían relación alguna con el mundo real ni con nuestros intereses personales. Era un aprendizaje apático insulso, dirigido no hacia la vida sino al aprendizaje en sí, cosas que nos imponía la vieja pedagogía. Y el único momento realmente feliz y alegre que debo a la escuela fue el día en que sus puertas se cerraron a mi espalda para siempre.


No es que nuestras escuelas austriacas fueron intrínsecamente malas. Todo lo contrario: el "plan de estudios", como se llama ahora, era fruto de una experiencia secular, y si se hubiese llevado a la práctica de una manera atractiva y estimulante, habría podido constituir la base de una educación fructífera y bastante universal. Pero precisamente el hecho de que se ciñeran a pies juntillas a un plan tan estricto y a su fría esquematización, convertía nuestras horas lectivas en espantosamente áridas y muertas: el desalmado aparato de enseñanza no se ajustaba al individuo y, como una máquina automática, demostraba tan sólo, con las calificaciones de "bien, aprobado y suspenso", hasta qué punto los alumnos habían correspondido a las "exigencias" del plan de estudios. Pero precisamente esa falta de sensibilidad humana, esa fría falta de personalidad y ese trato digno de un cuartel fueron los elementos que desencadenaron en nosotros una exasperación inconsciente. Estábamos obligados a aprender la lección y nos examinaban para comprobar lo que habíamos aprendido; en los ocho años, ningún maestro nos preguntó siquiera una vez que queríamos aprender, y brilló completamente por su ausencia ese entusiasmo estimulante que todo joven anhela en secreto.


…… nuestros maestros tampoco tenían la culpa del desolador ambiente que reinaba en aquella casa. No eran ni buenos ni malos, ni tiranos ni compañeros solícitos, sino unos pobres diablos que, esclavizados por el sistema y sometidos a un plan de estudios impuesto por las autoridades, estaban obligados a impartir su "lección"-igual que nosotros a aprenderla-y que, eso sí que se veía claro, se sentían tan felices como nosotros cuando, al mediodía, sonaba la campana que nos liberaba todos. No nos querían ni nos odiaban, aunque tampoco había motivos para ninguno de estos sentimientos, pues no sabían nada de nosotros; aún al cabo de varios años, con excepción de unos pocos, seguían sin conocernos por el nombre: según el método pedagógico al uso en aquel entonces, lo único de lo que se tenían que preocupar era del número de errores que había cometido "el alumno" en el último ejercicio. Ello se sentaban arriba, en la tarima, y nosotros, abajo; ellos estaban allí para preguntar y nosotros, para contestar; aparte de ésta, no existía entre los dos colectivos relación alguna. Y es que entre el maestro y el alumno, entre la tarima y los bancos, entre el alto visible y el bajo igual de visible se levantaba la invisible barrera de la "Autoridad" que impedía cualquier contacto. Que un maestro considerarse al alumno como un individuo que exigía un trato específico, acorde con sus características personales, o que redactarse, como se hace hoy en día, unos informes detallados sobre él, habría supuesto un trabajo muy superior a las atribuciones y capacidades de nuestros pedagogos; por otro lado, una conversación privada habría socavado su autoridad, pues con tal cosa habría colocado a los alumnos a su mismo nivel, que en vano era "superior"'.

Y os remito a un manifiesto ("No es verdad") de un grupo que, al menos, no comparte el cutre discurso dominante en nuestros claustros: http://www.firmasonline.com/1firmas/camp1.asp?C=1821
Y, como no, a los compañeros del MCEP, que discuten a partir de mañana en León el borrrador de una nueva carta de la escuela moderna. Mucha suerte y buen trabajo: http://www.mcep.es/congresos/nuevacartaescuelamoderna.pdf